jueves, 29 de diciembre de 2011
Cerebro
Qué bonito es el cerebro, maraña de cables agarrados a un mismo extremo. Del cual, salen, hace y deshacen miles de ideas, ideologismos y prácticas en menos de un segundo. Neuronas bajando por serpentines serpenteantes de incalculable logintud. Donde, en menos de que cante un gallo, han provocado un atasco monumental del cual no podrás salir, donde la única salida es un embudo que va a parar a un mismo carril. La puta realidad. Y ahí estás, atascado entre palabras sueltas buscando un guión, un símbolo que las una, que les de sentido. Sentido que no se busca, salta. Como cuando te alzan la mano demandando tus servicios. Solo queda mirar por el espejo.
Desecho
Y aquí estoy, brindando a la soledad con un on the rocks en la mano, cigarro en la otra. Lanzando odas de amor y lamento, viendo como pequeños retales de cordura desertan de mi cerebro como si de una guerra perdida se tratase.
Y así estoy, perdido en este maldito mundo lleno de vanidades, hipocresía y falsas promesas que jamás serán cumplidas. Encasillado entre espejos retrovisores, viendo la vida pasar, sin cesar. Sin poder volar, volar alto, bien alto. Con una barba que causa escozores y una boca que, de vez en cuando, suelta perlas dignas de un magnate del insulto, de la provocación.
Una banda sonora que acompaña cada día la tristeza de los momentos más inoportunos. Tristeza, que con una sonrisa torna todo de otro color. Como pochas uvas.
"Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas"
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas"
Y así me siento, falto de motivación alguna que me ayude a seguir, rodeado de pesos, lastres que impiden que, una vez más, como siempre, pueda mirar al frente con dignidad y valentía. Sin arrepentimiento ninguno. Pero hay veces, que el destino te pega por detrás, a traición, como el cierzo cuando te golpea en la cara al volver la esquina, esa mano fría y desaprensiva, que no duda ni un segundo en darte fuerte, frío y seco.
Y aquí me quedo, esperando el regreso de esos buenos momentos que están por llegar. Brindando una y otra vez. Odando y odiando. Mundo incomprensivo que se centra en la felicidad superficial de aquellos que buscan resguardo en algún portal donde meterse mano, cajero donde dormir, o barra del bar donde ahogar sus penas.
La vida es un blues, que si no le aplicas el color adecuado, nunca conseguirá llegar al jazz, donde la alegría y el buen color brillan por su eterna presencia.
No temas
Deja tu mente en blanco
Olvídate del resto.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Bah...
Prendió otro cigarro, lo encendió como si ese fuera el último. Pese a los pinchazos de su pecho y los avisos del paquete, aspiró una calada inicial como si de un quinceañero se tratara, rápida, contundente, nublando así sus pulmones. Dio otro sorbo al whisky, dejó el cigarro consumirse en el cenicero, como si de su vida se tratase. La cama le esperaba, ya era de día.
Con legañas y cara de pocos amigos volvió al trabajo, con la motivación por los suelos, hace tiempo que no pasa nada atractivo, nada que le haga salir de su rutina de dar vueltas y vueltas. "Joder, que parece que trabajes en un tiovivo". Hacía mucho tiempo que no veía unos ojos por ese espejo que le atrajeran, que le hablaran. La tierra se ha quedado muda.
"Todo son rachas, ya vendrán tiempos mejores", rezaba su espejo personal, escrito con un viejo perfil de labios rojo. Y vendrán, vendrán tiempos en los que las motivaciones volverán, o en su defecto, todo se estancará y se acostumbrará a la vida como así se le presente, con menos emociones que un concurso de petanca. Pero sobre todo:
Con legañas y cara de pocos amigos volvió al trabajo, con la motivación por los suelos, hace tiempo que no pasa nada atractivo, nada que le haga salir de su rutina de dar vueltas y vueltas. "Joder, que parece que trabajes en un tiovivo". Hacía mucho tiempo que no veía unos ojos por ese espejo que le atrajeran, que le hablaran. La tierra se ha quedado muda.
"Todo son rachas, ya vendrán tiempos mejores", rezaba su espejo personal, escrito con un viejo perfil de labios rojo. Y vendrán, vendrán tiempos en los que las motivaciones volverán, o en su defecto, todo se estancará y se acostumbrará a la vida como así se le presente, con menos emociones que un concurso de petanca. Pero sobre todo:
"Sentir, que no estamos muertos"
sábado, 3 de diciembre de 2011
No hay alcohol
Dos whiskys y ya vas así, mírate, qué poco aguante. Como cuando tienes que mirarla a los ojos, el mismo aguante. Que te corres si te roza su piel. No hay alcohol. Ya no hay alcohol, ni tabaco, ni ninguna droga a tu alcance. Queda la cama, el techo, y dormir lo poco que te queda, mañana salimos de viaje. Buenas noches.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Monotonía
Entró en su coche, como cualquier otro día, encendió los aparatos. Condujo durante las horas que solía conducir, llevo a gente a sus hogares, trabajos o destinos varios. Volvió a casa, comió, habló con la misma gente de siempre. Descansó un poco, y volvió a trabajar. Así, un día tras otro. Las mismas caras, las mismas acciones, los mismos minutos aprovechados de la misma manera que todos los días. Hasta que un día decidió volar, dejar de hacer lo mismo, una y otra vez. Cogió el coche, arrancó todo lo que olía a "siempre", y marchó, lejos, muy lejos. La última vez que lo vieron tenía el pelo largo, barba de dos semanas y la faz más alegre que jamás le hayan visto.
"La monotonía es el enemigo más fuerte del ser humano"
"La monotonía es el enemigo más fuerte del ser humano"
jueves, 20 de octubre de 2011
Noches de saxo
Era una noche fría y oscura, el Pilar aún resplandecía entre los focos. Un tímido saxofón sonaba por los altavoces de aquel deshabitado coche. Un puente empedrado daba la entrada a la calle de donde no sabe cómo saldría, ni libre, ni ocupado, solo sabe que saldría, vaya que si lo sabe.
So long, Marianne
Me encanta conducir de noche, parece que la ciudad se abre de piernas para ti. Te enseña todos sus secretos, sus trapos sucios, sin temor a lo que pueda decir nadie. Desde el rincón más íntimo, hasta la avenida más pública y transitada. Todo, todo está desolado, solo cuatro gatos intentando descubir las entrañas de esta ciudad inmortal. Prostituta de lujo a precio de poligonera.
Pero no todo es del color de las farolas, ese amarillento esplendor, no solo son coches los que deambulan por estas calles. Por las noches te encuentras todo tipo de personas que no encajan bien en una sociedad hecha para vivir de día, yonkis paseando con la cabeza alta, putas vestidas de raso que te miran con ojos golosos, algún vagabundo que no ha encontrado su cajero ideal. De vez en cuando te encuentras algún despistado que no ha mirado el reloj, pero son los menos.
Son las 23:00, según mi muñeca, el chico me alza la mano, abre la puerta y, como buen caballero, deja entrar a la dama antes. Dama de ojos negros y brillantes, descoloridos por algún sollozo ocasional o provocado. En un terrible ingés, mezclado con palabras en castizo castellano, el caballero hasta ahora mencionado empieza a darle razones a una tal Marianne por las que no van a continuar su relación, "demasiado lejos", repite una y otra vez, unas veces en inglés, otra en castellano, intentando mirarle a los ojos, aunque ella lo esquiva, no deja de mirar por la ventana, mientras su cielo particular se le va cayendo encima.
Parece una eternidad desde que aquella pareja entró al diván, tan solo cinco minutos nos separaban del encuentro, desafortunado en este caso. Todo seguía igual, media ciudad recorrida, lágrimas, y una conversación que no llevaría a buen puerto. Mirando al espejo mientras se explicaban uno y otro, como si de una obra de teatro se tratase, escrita y dirigida para ese momento, en ese lugar, y yo como espectador, de una de tantos momentos no alegres vividos. Todo se termina, como este recorrido, el chico abre la puerta, me tiende el dinero con un "quédese con el cambio, gracias". Le da un beso en la frente a ella mientras se despide diciendo "so long, Marianne".
Hasta la vista.
Pero no todo es del color de las farolas, ese amarillento esplendor, no solo son coches los que deambulan por estas calles. Por las noches te encuentras todo tipo de personas que no encajan bien en una sociedad hecha para vivir de día, yonkis paseando con la cabeza alta, putas vestidas de raso que te miran con ojos golosos, algún vagabundo que no ha encontrado su cajero ideal. De vez en cuando te encuentras algún despistado que no ha mirado el reloj, pero son los menos.
Son las 23:00, según mi muñeca, el chico me alza la mano, abre la puerta y, como buen caballero, deja entrar a la dama antes. Dama de ojos negros y brillantes, descoloridos por algún sollozo ocasional o provocado. En un terrible ingés, mezclado con palabras en castizo castellano, el caballero hasta ahora mencionado empieza a darle razones a una tal Marianne por las que no van a continuar su relación, "demasiado lejos", repite una y otra vez, unas veces en inglés, otra en castellano, intentando mirarle a los ojos, aunque ella lo esquiva, no deja de mirar por la ventana, mientras su cielo particular se le va cayendo encima.
Parece una eternidad desde que aquella pareja entró al diván, tan solo cinco minutos nos separaban del encuentro, desafortunado en este caso. Todo seguía igual, media ciudad recorrida, lágrimas, y una conversación que no llevaría a buen puerto. Mirando al espejo mientras se explicaban uno y otro, como si de una obra de teatro se tratase, escrita y dirigida para ese momento, en ese lugar, y yo como espectador, de una de tantos momentos no alegres vividos. Todo se termina, como este recorrido, el chico abre la puerta, me tiende el dinero con un "quédese con el cambio, gracias". Le da un beso en la frente a ella mientras se despide diciendo "so long, Marianne".
Hasta la vista.
lunes, 26 de septiembre de 2011
No busques
No busques, no busques una realidad a partir de un idealismo. No busques aquel soñado deseo a partir de una idea, no lo busques, porque no lo cumplirás.
No me busques, porque no me encontrarás. No me busques por las calles, o entre los coches, porque no me encontrarás entre ellos. Búscame en tu mente, en la parte más recóndita, donde nadie pueda encontrarnos. Porque ahí es donde estaré, agazapado entre las ideas, idealismos, sueños y demás porvenires. Búscame en esos ojos, esa mirada que con tan solo un gesto, puede revelarte palabras, textos, sentimientos tan largos o más que estas humildes palabras que escribo. Búscame entre las piedras que coges para tirar al río, pero no me tires, guárdame.
No me busques como algo material, como esa persona que te va a transportar de aquel sitio a aquel otro. Piensa más allá, y hazme pensar, mírame por el espejo, levanta una ceja, sonríe, y hazme vibrar intentando descifrar tus gestos con palabras. Pero sobre todo, no me alces la mano pensando que coges a uno más.
No me busques, porque no me encontrarás. No me busques por las calles, o entre los coches, porque no me encontrarás entre ellos. Búscame en tu mente, en la parte más recóndita, donde nadie pueda encontrarnos. Porque ahí es donde estaré, agazapado entre las ideas, idealismos, sueños y demás porvenires. Búscame en esos ojos, esa mirada que con tan solo un gesto, puede revelarte palabras, textos, sentimientos tan largos o más que estas humildes palabras que escribo. Búscame entre las piedras que coges para tirar al río, pero no me tires, guárdame.
No me busques como algo material, como esa persona que te va a transportar de aquel sitio a aquel otro. Piensa más allá, y hazme pensar, mírame por el espejo, levanta una ceja, sonríe, y hazme vibrar intentando descifrar tus gestos con palabras. Pero sobre todo, no me alces la mano pensando que coges a uno más.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
NADA
Nada, no me sale nada, y como nada me sale, nada pongo. Palabras, letras y poca cosa más. Nada en la mente, nada que salga o quiera salir, al menos, de forma especial. Un candado ancla todos los malditos pensamientos que rondan la cabeza al límite de mi espacio craneal. Sigo buscando la llave, he puesto carteles por toda la ciudad, pero nadie reclama la recompensa, igual no anda por aquí. A saber. Nada somos, en nada nos convertimos, y nada hacemos por cambiar este futuro de nada. Nada, simplemente, NADA.
jueves, 21 de julio de 2011
ALMA
Alma, qué es el alma, la parte espiritual e inmortal del hombre, capaz de entender, querer y sentir, y que, junto con el cuerpo, constituye su esencia humana. ¿Tienen color? ¿Huelen? ¿Sabes como es el alma de la persona que tienes delante? Eternas preguntas, como el "qué pensará". ¿Pueden fusionarse las almas? Dos almas fusionadas, en una sola cama, en un solo rincón, simplemente, en un solo lugar. ¿Cómo es el ejercicio de fusión de estas almas? Solo mediante un beso, o un acto sexual, o solo cogidas de la mano, de todos modos, todo el mundo sabe, que las almas vagan en un mundo paralelo, y solo ellas saben congeniar con las almas del resto de los mortales. No puedes unir tu alma a la de otra persona, si el contrario no desea unirla, puedes unirla por un momento, por solo diez minutos, por una eternidad, o por lo que dura un cigarro. ¿Puedes cambiar tu alma? Otra eterna pregunta, pero si no sabes cómo huele o cómo es, cómo vas a saber cambiarla. Esto viene y va, como las tormentas. Y solo el tiempo puede cambiar tu alma, tu persona, o el transcurso de tu vida.
viernes, 25 de marzo de 2011
Hoy te sientas detrás.
Otra mañana más, bajo al garaje, y ahí esta, esperando a que meta la llave en el contactor y salgamos a descubrir mundo, calles, personas, historias y alguna anécdota. Enciendo el coche mientras enciendo con la otra mano el cigarro que marcará el tiempo de calentamiento del motor. Gafas de sol, taxímetro en marcha, emisora, luces... Acción. Son las ocho de la mañana, las siete en canarias... Noticias, hambre, guerra, el presidente se saca otro conejo de la chistera, bendita rutina, hoy será un día más. Mientras se abre la puerta del garaje, aprovecho, coloco las gafas sobre el naso, manos al volante, embrague, primera, gas...
Conforme enfilo la calle, una chica sale de entre los coches, levanta la mano. Sonríe, parece que llevaba tiempo esperando que alguien viniese a buscarle, normal, por esta calle solo paso yo cuando salgo o entro a casa. Me voy acercando, es guapísima, cara afilada de ojos saltones y sonrisa envolvente, ropa ancha pero estiliza bien su figura, no deja mucha ala imaginación, sus curvas son perfectas, me va a cojer la chica de mi vida en un día de rutina. "Hola, buenos días". Qué voz más dulce, por Dios, es perfecta. "Perdona, ¿puedes sentarte aquí? Hoy conduzco yo". ¿Quién se ha creído esta tia para decirme eso? "Lo primero, felicidades, hoy cumples dos años de taxista, soy el alma de tu espejo, quién ha estado apuntando todos tus pasos, desde la primera calle que no te sabías y te sonrojaste, hasta la agradable conversación con la última abuela que llevaste el miércoles a la Plaza de San Miguel.. Soy la que ha visto todo, que ha estado aquí a tu lado, hemos visto amores, desamores, reconciliaciones, celebraciones, esas dos veces que a poco se te ponen de parto en el diván, como tú lo llamas, porque también te escucho a ti, cuando hablas solo, parece que me estés llamando muchas veces". Aún no doy crédito a lo que está sucediendo, al final, estoy sentado en el diván, como yo lo llamo, ella está conduciendo mi coche, no lo hace nada mal, parece que ha cogido práctica estado a mi lado. Espero que no me ponga el taxímetro, porque veo que me va a salir por un pico. "Hemos vivido muchas cosas juntos, estos dos años te han dado para mucho ¿eh? Como aquella chica que cogiste en el Pº de Independencia, ¿qué me dices? Era guapa eh, y simpática, no tenía mucho dinero y le llevaste gratis. O cuando se te saltaron las lágrimas con el abuelo con cáncer que quería tanto a su nieta, que le dedicaste una entrada en el blog que luego escribirás la historia que estás viviendo. Lo pasé fatal con aquellos chavales que te empezaron a vacilar y terminaste al borde de los nervios, quería salir del espejo y darles cuatro patadas en el culo, pero chico, el cristal es muy duro y yo tengo poca fuerza". Sigo flipando, estoy en pleno centro de Zaragoza, en mi propio taxi, la chica de mis sueños conduce mejor que yo incluso, no hace nervios, no se le cruza nadie, esto es algo mágico, la gente me mira raro, como si estuviera hablando solo y no hubiera nadie más en el coche. "Eso que estás pensando, puede ser, puede que la gente no me vea, y el coche vaya solo, como puede que tú me estés viendo como tu mente quiere verme, como la chica que te gustaría tener a tu lado. Como aquella moza, como tú le llamaste, que hasta giraste el espejo para verle mejor, esos ojos que se te quedarán clavados para siempre, que puede que sea los que me estás viendo a mí ahora mismo. Qué me dices de la pareja de abuelos que con noventa años se seguían queriendo como el primer día, que te emocionaste también, te contaban como el marido fue debajo de su balcón con la rondalla y la otra le tiró la rosa, aún estás viendo sus rostros". Esto tiene que ser un sueño, la gente me mira raro, quizás quisiera que nos parase la policía, para ver si es verdad que hay alguien conduciendo mi taxi, pero cuando más los necesito, no están. "No busques a la policía, que están desayunando. Mira, en esta parada conociste a Oscar, ahora casi inseparables. Y en esta esquina recogiste a aquel chaval llorando porque su novia le había dejado por un impresentable. Y cien metros más adelante te montó un escándalo la monja que dijo que le estabas timando, que hay de todo, no van a ser las anécdotas solo buenas". No, no van a ser todas buenas, aunque tengo mejores recuerdos buenos que malos, no me quejo de estos dos años. "Cuántas veces te he escuchado hablar solo, que echas de menos a tu gente, este trabajo te ha absorbido mucho, pero te está dando mucho también, estás creciendo en otro sentido, fíjate, ya no eres tan tímido con las mujeres, que la primera vez que colocaste el espejo, y se te subió una chica te daba hasta vergüenza mirar a ver si venían coches. Y más que vas a seguir evolucionando, siempre lo dices, caminante no hay camino, se hace camino al andar. Porque el secreto de todo esto está en..............
TOC, TOC, "perdona, ¿está libre?". ¿Qué ha pasado? Sí, suba, me quedé traspuesto. Recoloco el espejo y, esos ojos me resultan familiares, saltones.
Conforme enfilo la calle, una chica sale de entre los coches, levanta la mano. Sonríe, parece que llevaba tiempo esperando que alguien viniese a buscarle, normal, por esta calle solo paso yo cuando salgo o entro a casa. Me voy acercando, es guapísima, cara afilada de ojos saltones y sonrisa envolvente, ropa ancha pero estiliza bien su figura, no deja mucha ala imaginación, sus curvas son perfectas, me va a cojer la chica de mi vida en un día de rutina. "Hola, buenos días". Qué voz más dulce, por Dios, es perfecta. "Perdona, ¿puedes sentarte aquí? Hoy conduzco yo". ¿Quién se ha creído esta tia para decirme eso? "Lo primero, felicidades, hoy cumples dos años de taxista, soy el alma de tu espejo, quién ha estado apuntando todos tus pasos, desde la primera calle que no te sabías y te sonrojaste, hasta la agradable conversación con la última abuela que llevaste el miércoles a la Plaza de San Miguel.. Soy la que ha visto todo, que ha estado aquí a tu lado, hemos visto amores, desamores, reconciliaciones, celebraciones, esas dos veces que a poco se te ponen de parto en el diván, como tú lo llamas, porque también te escucho a ti, cuando hablas solo, parece que me estés llamando muchas veces". Aún no doy crédito a lo que está sucediendo, al final, estoy sentado en el diván, como yo lo llamo, ella está conduciendo mi coche, no lo hace nada mal, parece que ha cogido práctica estado a mi lado. Espero que no me ponga el taxímetro, porque veo que me va a salir por un pico. "Hemos vivido muchas cosas juntos, estos dos años te han dado para mucho ¿eh? Como aquella chica que cogiste en el Pº de Independencia, ¿qué me dices? Era guapa eh, y simpática, no tenía mucho dinero y le llevaste gratis. O cuando se te saltaron las lágrimas con el abuelo con cáncer que quería tanto a su nieta, que le dedicaste una entrada en el blog que luego escribirás la historia que estás viviendo. Lo pasé fatal con aquellos chavales que te empezaron a vacilar y terminaste al borde de los nervios, quería salir del espejo y darles cuatro patadas en el culo, pero chico, el cristal es muy duro y yo tengo poca fuerza". Sigo flipando, estoy en pleno centro de Zaragoza, en mi propio taxi, la chica de mis sueños conduce mejor que yo incluso, no hace nervios, no se le cruza nadie, esto es algo mágico, la gente me mira raro, como si estuviera hablando solo y no hubiera nadie más en el coche. "Eso que estás pensando, puede ser, puede que la gente no me vea, y el coche vaya solo, como puede que tú me estés viendo como tu mente quiere verme, como la chica que te gustaría tener a tu lado. Como aquella moza, como tú le llamaste, que hasta giraste el espejo para verle mejor, esos ojos que se te quedarán clavados para siempre, que puede que sea los que me estás viendo a mí ahora mismo. Qué me dices de la pareja de abuelos que con noventa años se seguían queriendo como el primer día, que te emocionaste también, te contaban como el marido fue debajo de su balcón con la rondalla y la otra le tiró la rosa, aún estás viendo sus rostros". Esto tiene que ser un sueño, la gente me mira raro, quizás quisiera que nos parase la policía, para ver si es verdad que hay alguien conduciendo mi taxi, pero cuando más los necesito, no están. "No busques a la policía, que están desayunando. Mira, en esta parada conociste a Oscar, ahora casi inseparables. Y en esta esquina recogiste a aquel chaval llorando porque su novia le había dejado por un impresentable. Y cien metros más adelante te montó un escándalo la monja que dijo que le estabas timando, que hay de todo, no van a ser las anécdotas solo buenas". No, no van a ser todas buenas, aunque tengo mejores recuerdos buenos que malos, no me quejo de estos dos años. "Cuántas veces te he escuchado hablar solo, que echas de menos a tu gente, este trabajo te ha absorbido mucho, pero te está dando mucho también, estás creciendo en otro sentido, fíjate, ya no eres tan tímido con las mujeres, que la primera vez que colocaste el espejo, y se te subió una chica te daba hasta vergüenza mirar a ver si venían coches. Y más que vas a seguir evolucionando, siempre lo dices, caminante no hay camino, se hace camino al andar. Porque el secreto de todo esto está en..............
TOC, TOC, "perdona, ¿está libre?". ¿Qué ha pasado? Sí, suba, me quedé traspuesto. Recoloco el espejo y, esos ojos me resultan familiares, saltones.
martes, 15 de marzo de 2011
360º
Son las diez de la noche, estoy sentado en mi trono, agarrado al volante, en la estación del autobús. Miro todo tipo de cosas que me rodean. Al frente, un autobús de minusválidos, está bajando a una chica, un chico le espera con un ramo de rosas rojas y la maleta, se puede ver la felicidad en su cara, ella está sonrojada, sonríe, pero se esconde. A mi derecha, un chico llama por teléfono, "mamá, ya llegué, estoy bien, el viaje tranquilo y el conductor muy amable, ahora mismo me cojo un taxi y voy a casa de Arantxa". Arantxa, un nombre muy bonito, me encanta, espero que lo reciba como el chico del ramo de rosas, aunque por su cara después de colgar, me parece que no hay ninguna Arantxa. A mi izquierda, carretera, los montes de Juslibol, y un edificio iluminado al que llaman "la torre del agua", se han fundido seis fluorescentes ya. Atrás, uno de los múltiples compañeros que albergan esta parada, rostro cansado, debe de llevar todo el día trabajando y aún apura las últimas horas para poder cuadrar la caja, lo conozco, tiene tres hijos, se mete mucha caña. El chico del ramo de rosas, no para de abrazar a lo que, se podría decir, su chica, por los besos que le ha dado al bajar, casi se le saltan las lágrimas al conductor del autobús. Ya paran, mientras se van perdiendo en el horizonte, empujándole mientras la chica huele las rosas, ya se le han ido los coloretes, está agusto. Feliz. El "amigo" de Arantxa vuelve a coger el móvil, "hola... soy Alejandro, ¿qué tal estás? Mira, estoy en Zaragoza y no tengo dónde dormir...". Debe de hablar con Arantxa. Mi compañero también coge el móvil, malditos aparatos de control. Apaga y se va, debe de tener la cena lista, su mujer le espera, sus hijos estarán a punto de irse a la cama. Sale un chico, marroquí o sucedáneo, hablando en su idioma, cuelga, se echa a llorar. ¿Añorará su tierra? Supongo que sí, yo lo haría. Se sube en el diván el chico de "Arantxa". "Hola, buenas noches, conoce algún hostal cercano?". Sí ahora te llevo, Arantxa no quiere saber nada, ¿o qué? "Me has oído, ¿no? es mi exnovia, me dejó hace un par de meses y he vuelto para conquistarla, soy de Madrid, y estoy perdídamente enamorado, mañana tengo una entrevista de trabajo y si me dan la plaza me quedaré aquí con ella para siempre". Jodo, estás pillado, zagal. "¿Zagal?" Es como "chaval", para que me entiendas.
Esta vez sonó el móvil, era Arantxa. Pude escuchar como le dijo "vente a casa, anda, te preparo el sofá", una mueca de felicidad se mostró ante mi espejo, que tantas muecas ha visto. "Entonces vamos a Adolfo Aznar, perdona, ¡me está dando una oportunidad!". Tranquilo, zagal, a ver si lo que le estás dando es pena, maño. "¡No!, es una oportunidad, lo presiento, volveremos a estar juntos, y cuando tenga dinero, le pediré que se case conmigo y formemos una familia". ¡Eh! que más que de Madrid, parece que vengas de Calatayud, hijo, afloja y piensa fríamente, que no conoces a las mañas, ya te darás cuenta, ya. "Yo solo quiero a Arantxa, y a por ella vengo, si no, a Madrid otra vez". Jodo, y los maños éramos cabezones.
Estaba enamorado hasta las cejas, no cabe duda. Lo dejo en su destino, me paga, me da propina "por el peñazo que te he dado, ¿va?". Pues va.
Esta vez sonó el móvil, era Arantxa. Pude escuchar como le dijo "vente a casa, anda, te preparo el sofá", una mueca de felicidad se mostró ante mi espejo, que tantas muecas ha visto. "Entonces vamos a Adolfo Aznar, perdona, ¡me está dando una oportunidad!". Tranquilo, zagal, a ver si lo que le estás dando es pena, maño. "¡No!, es una oportunidad, lo presiento, volveremos a estar juntos, y cuando tenga dinero, le pediré que se case conmigo y formemos una familia". ¡Eh! que más que de Madrid, parece que vengas de Calatayud, hijo, afloja y piensa fríamente, que no conoces a las mañas, ya te darás cuenta, ya. "Yo solo quiero a Arantxa, y a por ella vengo, si no, a Madrid otra vez". Jodo, y los maños éramos cabezones.
Estaba enamorado hasta las cejas, no cabe duda. Lo dejo en su destino, me paga, me da propina "por el peñazo que te he dado, ¿va?". Pues va.
jueves, 3 de marzo de 2011
¿Dónde se halla aquella alegría?
miércoles, 2 de marzo de 2011
Pura violencia.
Y como reza la canción, "Hay días que tuerces una esquina y te tuerces tú también". Hoy, un día de esos, malos despertares, dolor terrible en la cabeza <<ayer no bebí tanto, joder>>, bata, café, Juan Ramón Lucas dando las noticias, ni una buena. El cielo, gris, medio nublo, no pinta bien. Como no mejore esto, hoy es un día tirado a la basura. Pantalones, camiseta, chaqueta, cambios, empezamos el día. Tropezón en el ascensor, juramentos varios. Hola, buenos días, ¿dónde? "Dónde el qué, a mí lléveme al hospital". La primera en la frente, mal educada, la radio sigue hablando de genocidios, de aquel que mató a su mujer, o esos que han quemado contenedores en aquel barrio. <<Este país se me va a pique y al día poco le falta>>, pienso. Seremos positivos, felicidad, ¿dónde te has metido esta mañana? ¿Esperas al sol, o a la siembra de la cebolla? "Pero cómo se mete por aquí, oiga, ¡que vamos a llegar tarde!". Para salir así, mejor no haber salido, mozo, me digo mirándome al espejo. Adiós señora, ¡con Dios! Ojo, a poco se me lleva por delante el tranvía, hoy cuando baje del coche pisaré una mierda. Más servicios, parece que todo transcurre con normalidad, dentro de lo que cabe, hoy estamos torcidos. Calle de "zona treinta", coche de la policía, algo habrá pasado, ¡oh no, radar! Perfecto, retrato, seguro, y me acabo de acordar de los papeles que no he entregado en Hacienda, cojonudo, me voy a casa. Ha salido el sol, pero parece que no sirve de nada, esto ya no lo arregla nadie. Si se me plantara la mujer de mi vida delante, mi Herminia particular, creo que la mandaría a paseo. Menos mal que siempre hay alguien en casa esperando, que te hace sentir el rey, bendita perra, le alegras a cualquiera. Paseamos, y... como barruntaba, pastel en la zapatilla, perfecto. ¡Llevo un día perfecto! ¿Qué son esos gritos? Le está levantando la mano a su pareja. ¡Déjala! ¿No ves que estás dando un espectáculo? <<En qué momento te meterías, maño>>. "Tú cállate, y vete a lo tuyo", me contesta la mujer. Pues nada, dale, pero dale bien fuerte, que lo note. Ya está bien de tantas tonterías hoy, vámonos a casa, Laila(la perra). Muy buena la comida, madre, voy a echarme un rato, llevo un día asqueroso. Pesadilla, taquicardias, no podía ir de otra forma. Trabajemos, espero que se calme esto por un poco, o me explotará la cabeza. Pitidos, cláxons de distintas tonalidades, bitono, mono-tono, insultos varios, menciones a mis difuntos. Cómo me quiere la gente, se merecen un aplauso. Mira otra vez los inútiles de esta mañana, ¿qué ocurre, agente?. "Lárgate de aquí, o saco el papel rosa a pasear". Vete a la mierda, pienso, no vaya a ser que me coma el papelico, y buenas tardes. Parece que hay un momento de paz en mí, sí, lo estoy consiguiendo. Se terminó, lo que duró la canción. Y esque hay días, que se gana más quedándose en casa escribiendo cosas bonitas, que no buscando la felicidad en su propia sala de espera.
viernes, 25 de febrero de 2011
Lo siento, ando ocupado.
"Creo que sigo enamorada de ti". Impactante mensaje al punto de la mañana, no me hagas esto, y sin saber el remitente, ya crees saber de quién puede ser. Concéntrate en conducir, maño, no hagas caso, préstale atención a tu primer paciente, te está contando algo, ¿mal de amores? Casualidad, mal de amores, mensaje latente en la bandeja de entrada del aparato de comunicaciones, y un puñado de nombres en la mano que te queda libre, que sueltas para coger firmemente el volante. Olvídate, presta atención, el diván está ocupado, y solo ves unos labios en el espejo, que dicen "creo que sigo enamorada de ti", una y otra vez. Otro semáforo, esos ojos verdes se están clavando en tu frente, ¡presta atención! Verde, arranca, "creo que sigo enamorada de ti", ¿otra vez? "¿Me está escuchando?" Ni puta idea, señora, cuénteme, díga, ¿que sentiría en el caso de que una ex le dijera esto? "Perdone, estábamos hablando de mí ¿no?" Vaya, me ha tocado la borde, perdone, prosiga. "Como le iba comentando, creo que sigo enamorada de ti" ¡¿Cómo?! "Que creo que sigo enamorada de él, de mi ex, creo que no me está prestando atención, sigo enamorada de ti" Esto roza la paranoia, otro mensaje, "¿no contestas? sé que estás despierto, estás trabajando, lo sé, y sigo enamorada de ti, solo quiero que lo sepas, y me des una respuesta". Otro semáforo, este dura mucho, contestemos rápido. "Y ahora se pone a jugar con el móvil, oiga, déjeme aquí, ¿cuánto es?". Ha cogido un taxi para contarle sus problemas al semi-zombie que aún reza por despertarse. "Lo siento, ando ocupado". <<¿Cómo no has mirado aún el remitente?>>, reza mi mente. Otro mensaje, "perdona, fue una equivocación, no quería mandarte a ti el mensaje". Número desconocido.
martes, 1 de febrero de 2011
Voy sin rumbo.
Esas canas me resultaban familiares, cardado extremo, chaquetón del domingo y oro colgando por su arrugado cuello. "Hola mozo, llévame al centro, ya te diré por donde...". No andaba segura de lo que pedía, los ojos que, espectante, observaba por el espejo no me dejaban claro sus intenciones, parecían tristes, como añorando algo, alguien. "He quedado con unas amigas, y no sé si estarán ya o no, todos los lunes quedámos y chismorreamos un poco, que falta nos hace, aunque ya no sé ni para qué salimos, con estas edades...", "¿tiene prisa?", preguntaba, pero su dudosa y final negativa respuesta me daba a entender de que allí no le esperaba nadie. La manera de coger asiento, desplegando todos los bártulos en el vacío puesto a su vera. "Espero que no se haya ido aún, hacía tiempo que quería quedar con este hombre". ¿¡Cómo que con este hombre!? ¿No habíamos quedado que era con unas amigas? Ya no sabía por donde salir, la mujer acababa de caer que me había dicho un hombre. Las mentiras no llegan a ningún sitio, y se puede regir uno por el qué dirán, y esta mujer, lo hacía. No sabía como entrarle, ¿y ahora qué? le sorprendo diciéndole que me he dado cuenta o le dejo estar. Pobre mujer, solo quiere compañía, alguien que le hable, que esté con ella. Gente sedienta de amor, ternura y cariño. Ahí se quedó, en "Los Espumosos", ¿una caña con limón y unas gambas a la gabardina? No, otro taxi, y otra vuelta a la ciudad.
miércoles, 26 de enero de 2011
Las ganas de vivir
Y es que las ganas de vivir, cuando los problemas vienen uno tras otro, y no son precisamente pequeños, se le acaban a uno. Como es la historia de mi último cliente, recién salido de su "dosis" de quimioterapia, me contaba lo duro que era eso, soportar estos tratamientos, "le queman a uno por dentro, y si tienes el corazón helado, imagínate el choque", me contaba. "Mi mujer falleció de uno más gordo que lo mío(hablando del cáncer), y poco después me lo diagnosticaron a mí", cada vez se hacía el nudo más grande en mi garganta, a una persona que te pone el corazón en el apoya-brazos (porque mesas no caben en el "diván"), te cuenta todo tal como lo está viviendo, con esa cara mirando al pasado, de cuando esa mujer y mi cliente solo pensaban en los hijos que iban a tener y el hombre se deslomaba de sol a sol, de lunes a domingo.
- El peor problema son los hijos, no me dejan en paz, están todo el día con que me cuide, que vaya a la "dosis", yo les digo que me dejen tranquilo, que me queda poco y pronto me iré con mi mujer, como todas las noches le digo "tranquila mañica mía, que pronto estaré contigo" - me comentaba mientras soltaba alguna risa nerviosa -. Cuando les digo eso solo se me echan a llorar, y lo comprendo.
- Alguna alegría habrá por ahí, buen hombre, no todo van a ser pesadeces de los hijos, ¿tiene nietos? Eso le alegra a cualquiera - sugería, como cambio de tema.
- Tengo dos nietecicas, maño, pero hay una, mi "cuchi-cuchi" que le llamo, que es la mayor alegría que me podría haber venido, se dice que un abuelo quiere más a los nietos que a los hijos, y doy la razón, y eso que quiero a mis hijos con locura, pero mi cuchi-cuchi es especial - me decía -. Además, le sienta fatal que le llamen así otros, solo se lo puede llamar su abuelo.
- Ve, una razón para seguir en pie y no pensar en irse con su mujer.
- Ya, pero a ella le echo mucho de menos, sabes. Mi nieta es mi nieta, pero la mujer también me reclama. Aunque la pequeña es muy salada, y le encanta venir a casa, le preparo un pescado que le gusta mucho a ella, y como en mi casa se lo come con las manos, es más feliz, sus padres no le dejan comer con las manos - ya con los ojos encharcados recordando a su pequeña -. Con cinco años me está haciendo el abuelo más feliz del mundo.
Y así transcurría el viaje, un reto como es el conseguir que el hombre se quitara de la cabeza a su mujer, el tumor, y el fuego con el que salía del hospital. Me contaba más historietas con la nieta, cosas de la otra nieta, de sus hijos y de como ha llegado a tener su chalet en Oropesa. A medio trayecto pensaba que era el único cliente que no me había hablado ni del tiempo, ni del tranvía, ni de la situación del pais. Se sintió el protagonista por un día, unos minutos, pero protagonista. Y estas cosas son las que le llenan a uno de hacer su "doble función" de su trabajo. "La verdad, es que el día que me vaya con la mañica, no sé que pasará con la chica, me mata ya de pensar que haría sin ella, sin la otra y sin los hijos", y ya llegando al destino, una frase que se me quedará clavada, "me has dado ganas de vivir, zagal, ¿qué te debo?". Deme un abrazo, y corra a por su nieta.
martes, 25 de enero de 2011
El diván del asiento de atrás.
Perdone, pero está prohibido fumar. La ley es la ley, y debo prohibirle fumar. Tome asiento, indíqueme el destino, recorrido si lo desea, y cuente, cuénteme hasta la última pena que alberga su corazón y su mente. Abra una nueva puerta hacia sus sentimientos, donde se encuentren la felicidad y la paz. Cuente, cuente, que yo le escucho. Exprésese como quiera, estoy curado de espanto. Esa señora que le dejó, aquel chico que te dio plantón, cómo le vas a llamar a tu futuro hijo, o hija. Cautíveme, estoy mirándole por el espejo, no crea que no le escucho, pero entienda que la carretera es la prioridad. Ese jefe que le trata mal, o la encargadilla que le gusta, y no sabe como decirle lo que daría por pasar con ella el resto de su vida. Abórdeme con preguntas sobre las obras, atascos, polítiqueo. Critique, critique a todos aquellos que le caigan mal, ¡póngalos del revés! Maneje su mente, llévela a otra dimesión, ¡deje volar su chota, caballero! Aquí estoy, para escucharle, no tengo otra cosa que hacer, dígame qué tal va su hijo en los estudios, ¿estaba separado ha dicho, no? Los suspensos no le caen bien a nadie, pero oiga, antes un suspenso era convertido en un cachete del profesor, o un reglazo en las puntas de los dedos, ahora ese reglazo lo plasman en papel y su hijo vuelve desmotivado, pero intacto. Las obras bien, gracias, ahí están, molestando, para no variar. No, no, no tengo hijos, ni mujer, lo que más se le asemeja es una madre que me da su amor y me hace la cama todos los días. Pero no estamos hablando de mí, sino de usted, que para eso es el protagonista durante los próximos diez minutos, ocho si cogemos ese semáforo verde. Aproveche el tiempo, siéntase libre durante el trayecto, no crea que es un mero transporte, y por favor, no se me ponga el auricular del teléfono, cuélguele la llamada al jefe, y cuando le pida explicaciones, le diga "estaba en plena terapia". Pero recuerde, la terapia no es gratis, son cinco con cuarenta, el recorrido ya se lo regalo. Gracias y que vaya bien.
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