sábado, 10 de diciembre de 2011

Bah...

    Prendió otro cigarro, lo encendió como si ese fuera el último. Pese a los pinchazos de su pecho y los avisos del paquete, aspiró una calada inicial como si de un quinceañero se tratara, rápida, contundente, nublando así sus pulmones. Dio otro sorbo al whisky, dejó el cigarro consumirse en el cenicero, como si de su vida se tratase. La cama le esperaba, ya era de día.
    Con legañas y cara de pocos amigos volvió al trabajo, con la motivación por los suelos, hace tiempo que no pasa nada atractivo, nada que le haga salir de su rutina de dar vueltas y vueltas. "Joder, que parece que trabajes en un tiovivo". Hacía mucho tiempo que no veía unos ojos por ese espejo que le atrajeran, que le hablaran. La tierra se ha quedado muda.
    "Todo son rachas, ya vendrán tiempos mejores", rezaba su espejo personal, escrito con un viejo perfil de labios rojo. Y vendrán, vendrán tiempos en los que las motivaciones volverán, o en su defecto, todo se estancará y se acostumbrará a la vida como así se le presente, con menos emociones que un concurso de petanca. Pero sobre todo:
"Sentir, que no estamos muertos"

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