En qué momento decidí ponerme en ese carril. Ahora aquí me ves, encerrado entre cuatro paredes, tachando todos los planes de mi libreta verde, transcribiendo mis letras de mi cuaderno azul(gracias), queriendo estar encerrado entre tres espejos, entre los cuales, estaba encarcelado pero libre. Bebiendo, fumando y tomando pastillas para no soñar. Buscando destinos para captar, pero todos se alejan demasiado. Sorpresas que no van a poder ser dadas, promesas mentales sin cumplir. Leyendo desde una pantalla la cual odio cada día más noticias de cómo el mundo se va a la mierda y de cómo la gente sociabiliza sus mentes.
Odio cuando me truncan los planes, "tienes que tener todo siempre atado y bien atado", me oigo mucho, y así es. Dejando espacio a la improvisación, claro está, aunque esta no juegue a mi favor siempre. ¿No puedes pedir todo en este mundo, no? Siempre queda el tonto consuelo de que ya vendrán tiempos mejores, que es como la autoayuda de los fracasados.
Y no sé más.
El lector del espejo
jueves, 16 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Yaces, luego no vives.
Todos tenemos una conciencia, que de vez en cuando nos visita y nos cuenta qué tal nos va la vida, si somos felices, si estamos amargados o si nos ocurre algo. Y me visitó, hace un tiempo.
Me vino a preguntar que qué tal se vivía en el infierno. "Desde que te fuiste de birras con el diablo, no has vuelto, ni a por tabaco, así que te quitamos de la función y te matamos". Me mataron, de la manera más extraña posible, atropellado, por un taxi, por mi propio taxi. "Andabas cruzando la calzada y tu propio taxi te atropelló". Ya te dijeron que no trabajaras tanto, que al final te mataría el taxi, y mira, acertaron. No hay nada como darle a la gente lo que pide, lo que quiere oir, no lo que de verdad ocurre. Me llevó mi conciencia al lugar de los hechos y ahí estaba, mi cuerpo tirado en el suelo, mi taxi destrozado y lleno de sangre. En el cementerio caras conocidas, pero no estabas, echaba en falta más gente. Ahora estoy muerto y ni siquiera lo sabe la gente. Algunos corrillos de amigos recordando viejas historias de este personaje que ahora yace de cuerpo presente entre cinco tablas esperando a que la sexta le condene a la oscuridad eterna, entre flores y algunos lamentos. "Os acordais, qué ciegos se pillaba el tio, nos hizo felices". "A mí me parecía un payaso, pero de vez en cuando nos hacía reir". "Yo me acuerdo cuando tuve el accidente en pla-za, qué susto nos dio, y cuando lo tuve yo, ahí estuvo el primero". "Yo creo que era un poco falso, no me inspiraba confianza". Y miles de comentarios, falsas sonrisas y alguna lágrima. Qué falso es el mundo, que ignorante, y qué bien se ve todo desde arriba, desde el burladero, los toros se ven mejor. "Siempre tuvo una sonrisa para darnos, aunque se estuviera reventando por dentro, y eso es lo que nos tiene que quedar", ese sonaba sincero.
Me vino a preguntar que qué tal se vivía en el infierno. "Desde que te fuiste de birras con el diablo, no has vuelto, ni a por tabaco, así que te quitamos de la función y te matamos". Me mataron, de la manera más extraña posible, atropellado, por un taxi, por mi propio taxi. "Andabas cruzando la calzada y tu propio taxi te atropelló". Ya te dijeron que no trabajaras tanto, que al final te mataría el taxi, y mira, acertaron. No hay nada como darle a la gente lo que pide, lo que quiere oir, no lo que de verdad ocurre. Me llevó mi conciencia al lugar de los hechos y ahí estaba, mi cuerpo tirado en el suelo, mi taxi destrozado y lleno de sangre. En el cementerio caras conocidas, pero no estabas, echaba en falta más gente. Ahora estoy muerto y ni siquiera lo sabe la gente. Algunos corrillos de amigos recordando viejas historias de este personaje que ahora yace de cuerpo presente entre cinco tablas esperando a que la sexta le condene a la oscuridad eterna, entre flores y algunos lamentos. "Os acordais, qué ciegos se pillaba el tio, nos hizo felices". "A mí me parecía un payaso, pero de vez en cuando nos hacía reir". "Yo me acuerdo cuando tuve el accidente en pla-za, qué susto nos dio, y cuando lo tuve yo, ahí estuvo el primero". "Yo creo que era un poco falso, no me inspiraba confianza". Y miles de comentarios, falsas sonrisas y alguna lágrima. Qué falso es el mundo, que ignorante, y qué bien se ve todo desde arriba, desde el burladero, los toros se ven mejor. "Siempre tuvo una sonrisa para darnos, aunque se estuviera reventando por dentro, y eso es lo que nos tiene que quedar", ese sonaba sincero.
Y una vez que estés muerto, se acordarán de ti durante una semana.
No esperes más.
Simpleza²
Verás, los triunfadores como yo, vivimos felices. No es como lo que me estás comentando de que no triunfas, no follas, no encuentras a tu amor. Los triunfadores no pensamos en eso. ¿Ves? me has recogido de casa de una "amiga" y me llevas ahora a casa de otra, soy un triunfador, y ellas no tienen por qué saberlo, pero lo huelen. Tú no les das lo que quieren, superioridad, el aspecto ese de "malote" que tanto buscan. Mientras tú conduces tu taxi llevándonos a unos y a otros, con mi misma edad. Tienes que cambiar de aspecto, cuidarte más y salir a por todas. Mírame, ¿me ves algún signo de infelicidad? estoy como Dios. Las tengo comiendo de mi mano, con esta a donde vamos ahora no haré nada, porque me ha dejado la otra para el arrastre, qué fogosidad. Es un poco fea, pero tio, como cabalga. Ahora a esta le haré cuatro cariños, nos liaremos y le diré que me tengo que ir porque mi abuela está en el hospital, que está mejor que tú y como yo juntos. Pero así ya la tienes preocupada y atada porque no se va a ir con otro, está preocupada porque "la abuela de su chico" está en el hospital. Luego casualmente se recuperará y ya me inventaré otra movida. Y mientras yo voy jugando con tres a la vez, tú conduces aquí amargado, como esa música que escuchan los abuelos, ¿no pones la máxima nunca? Da marcha. ¿Por qué esto qué es? ¿Jazz? Eso ya no lo escucha nadie. No queda gente como tú en este mundo ya, tio. Modernízate. Ves al gimnasio, cíclate y verás como caen tio, pero tienes que ser un cabrón, y no me digas que no vales para eso, que todo es ponerse. Unas veces te saldrá bien y otras mal. Y olvídate de las demás, tira por la borda la amistad y zúmbate todo ser viviente, siempre que sea mujer claro. Mira, aquella pareja de allí, a la derecha, se abrazan y él le besa a ella, pero ya verás como esa zorra le dice a los dos días que ha encontrado otro chico y que no quiere nada con ese "pagafantas". Seguro que le lleva a recitales de poesía y le manda flores todos los meses. Pues esa tia le habrá dejado por alguien como yo, que somos los que dominamos, tío. Esas barbas, dónde vas, macho. A las mujeres no les gustan las barbas, y te lo digo yo, que soy un Don Juan, y no lo digo por fardar, eh, que no me gusta. Déjame aquí, donde los contenedores, que así no se nota de donde vengo, por si mira por la ventana.
Sueños indómitos
Difícil de de dominar o someter
Habría los ojos lentamente, como si le costara toda una vida levantar esos párpados que escondían los ojos más bellos jamás vistos. Ojos que decían las malas lenguas, que si los mirabas fijamente te bajaban al infierno en billete de segunda. Si los besabas estabas perdido. Y aquella noche ocurrió, no solo le miró a los ojos, el pobre infeliz, besó esos labios, esos labios que su textura recordaban a cuando acaricia sus apreciados vinilos antes de someterlos a la aguja del giradiscos.
En la silla situada a la vera de la mesilla de noche yacían todos los ropajes que no estaban esparcidos por el suelo del pasillo, fruto de la pasión de aquella noche. Pasión que ganaba puntos para el viaje al infierno, aunque en algunos momentos de la larga noche ambos tocaran el cielo con sus propias manos entrelazadas entre sus cuerpos. El desayuno en la mesita auxiliar. Todo un detalle. Una rosa, con una nota.
"Ando de birras con Lucifer, te llamo esta tarde"
martes, 3 de enero de 2012
Simpleza
"Qué simples sois los hombres, os sonreimos, os enseñamos un poco de carne y una mirada bonita, y andais como un perrico detrás nuestra...". Y así es, esa simpleza que tantas veces hace feliz y que tantas veces hace llorar hasta al hombre más duro y frío de este mundo. Una sonrisa lo es todo, siempre digo. Lo de la carne es algo secundario, al menos para algunos bichos raros. Pero una sonrisa, una mirada bonita y ese arqueo de cejas que haces cuando se nota la felicidad en tu cara, lo dicen todo, me lo dices todo. Quizás sea un arma de mujer, una de tantas que utilizas para gustar a ese hombre, macho o varón, como desees llamarlo. Incluso "objetivo". ¿Qué objetivo, qué objeto? ¿gustarle? ¿llevártelo a la cama? Esa cama que tantos cuerpos ha visto pasar ya, o tan pocos. ¿Enamorarlo? Dejarle ser el hombre de tu vida, sin arrepentimientos, y a los cuatro días darle una patada en el culo mientras cierras tus labios a su lengua para abrirle las piernas al otro que te aguarda en el siguiente puerto. "Puedes llamarme zorra, pero así es, hay que disfrutar de la vida, ser fría y calculadora". Y el día que encuentres el amor verdadero, en una cabeza vacía, que no te diga nada, pero sea un tío guay y tenga un buen miembro entre sus piernas, perderás la cabeza llena de nombres, miserias y una eterna lista de corazones rotos que has ido forjando a lo largo de tu vida. El día menos pensado te verás sola, sentada en una esquina, llorando por aquel bicho raro que jamás pudiste querer. Por el simple hecho de "buscar un objetivo mejor", con más dinero quizás, con más actividad social, más tiempo libre que dedicarte a comprarte joyas, abalorios con los que compró tu corazón. Corazón roto en pequeños pedazos que conseguirás, tarde o temprando recomponer. Y volverás, volverás sobre tus propios pasos y ahí lo encontrarás, esperándote como un perro que espera a su dueño en la gasolinera donde lo abandonó, le sonreirás, te darás cuenta de lo que hiciste, le sonreirás, y vuelta a empezar. Así sois algunas mujeres, zorras, pero con sentimientos. Sentimientos que quizás sean tarde para sentir, u oportunos para recobrar.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Cerebro
Qué bonito es el cerebro, maraña de cables agarrados a un mismo extremo. Del cual, salen, hace y deshacen miles de ideas, ideologismos y prácticas en menos de un segundo. Neuronas bajando por serpentines serpenteantes de incalculable logintud. Donde, en menos de que cante un gallo, han provocado un atasco monumental del cual no podrás salir, donde la única salida es un embudo que va a parar a un mismo carril. La puta realidad. Y ahí estás, atascado entre palabras sueltas buscando un guión, un símbolo que las una, que les de sentido. Sentido que no se busca, salta. Como cuando te alzan la mano demandando tus servicios. Solo queda mirar por el espejo.
Desecho
Y aquí estoy, brindando a la soledad con un on the rocks en la mano, cigarro en la otra. Lanzando odas de amor y lamento, viendo como pequeños retales de cordura desertan de mi cerebro como si de una guerra perdida se tratase.
Y así estoy, perdido en este maldito mundo lleno de vanidades, hipocresía y falsas promesas que jamás serán cumplidas. Encasillado entre espejos retrovisores, viendo la vida pasar, sin cesar. Sin poder volar, volar alto, bien alto. Con una barba que causa escozores y una boca que, de vez en cuando, suelta perlas dignas de un magnate del insulto, de la provocación.
Una banda sonora que acompaña cada día la tristeza de los momentos más inoportunos. Tristeza, que con una sonrisa torna todo de otro color. Como pochas uvas.
"Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas"
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas"
Y así me siento, falto de motivación alguna que me ayude a seguir, rodeado de pesos, lastres que impiden que, una vez más, como siempre, pueda mirar al frente con dignidad y valentía. Sin arrepentimiento ninguno. Pero hay veces, que el destino te pega por detrás, a traición, como el cierzo cuando te golpea en la cara al volver la esquina, esa mano fría y desaprensiva, que no duda ni un segundo en darte fuerte, frío y seco.
Y aquí me quedo, esperando el regreso de esos buenos momentos que están por llegar. Brindando una y otra vez. Odando y odiando. Mundo incomprensivo que se centra en la felicidad superficial de aquellos que buscan resguardo en algún portal donde meterse mano, cajero donde dormir, o barra del bar donde ahogar sus penas.
La vida es un blues, que si no le aplicas el color adecuado, nunca conseguirá llegar al jazz, donde la alegría y el buen color brillan por su eterna presencia.
No temas
Deja tu mente en blanco
Olvídate del resto.
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