martes, 15 de marzo de 2011

360º

   Son las diez de la noche, estoy sentado en mi trono, agarrado al volante, en la estación del autobús. Miro todo tipo de cosas que me rodean. Al frente, un autobús de minusválidos, está bajando a una chica, un chico le espera con un ramo de rosas rojas y la maleta, se puede ver la felicidad en su cara, ella está sonrojada, sonríe, pero se esconde. A mi derecha, un chico llama por teléfono, "mamá, ya llegué, estoy bien, el viaje tranquilo y el conductor muy amable, ahora mismo me cojo un taxi y voy a casa de Arantxa". Arantxa, un nombre muy bonito, me encanta, espero que lo reciba como el chico del ramo de rosas, aunque por su cara después de colgar, me parece que no hay ninguna Arantxa. A mi izquierda, carretera, los montes de Juslibol, y un edificio iluminado al que llaman "la torre del agua", se han fundido seis fluorescentes ya. Atrás, uno de los múltiples compañeros que albergan esta parada, rostro cansado, debe de llevar todo el día trabajando y aún apura las últimas horas para poder cuadrar la caja, lo conozco, tiene tres hijos, se mete mucha caña. El chico del ramo de rosas, no para de abrazar a lo que, se podría decir, su chica, por los besos que le ha dado al bajar, casi se le saltan las lágrimas al conductor del autobús. Ya paran, mientras se van perdiendo en el horizonte, empujándole mientras la chica huele las rosas, ya se le han ido los coloretes, está agusto. Feliz. El "amigo" de Arantxa vuelve a coger el móvil, "hola... soy Alejandro, ¿qué tal estás? Mira, estoy en Zaragoza y no tengo dónde dormir...". Debe de hablar con Arantxa. Mi compañero también coge el móvil, malditos aparatos de control. Apaga y se va, debe de tener la cena lista, su mujer le espera, sus hijos estarán a punto de irse a la cama. Sale un chico, marroquí o sucedáneo, hablando en su idioma, cuelga, se echa a llorar. ¿Añorará su tierra? Supongo que sí, yo lo haría. Se sube en el diván el chico de "Arantxa". "Hola, buenas noches, conoce algún hostal cercano?". Sí ahora te llevo, Arantxa no quiere saber nada, ¿o qué? "Me has oído, ¿no? es mi exnovia, me dejó hace un par de meses y he vuelto para conquistarla, soy de Madrid, y estoy perdídamente enamorado, mañana tengo una entrevista de trabajo y si me dan la plaza me quedaré aquí con ella para siempre". Jodo, estás pillado, zagal. "¿Zagal?" Es como "chaval", para que me entiendas.
   Esta vez sonó el móvil, era Arantxa. Pude escuchar como le dijo "vente a casa, anda, te preparo el sofá", una mueca de felicidad se mostró ante mi espejo, que tantas muecas ha visto. "Entonces vamos a Adolfo Aznar, perdona, ¡me está dando una oportunidad!". Tranquilo, zagal, a ver si lo que le estás dando es pena, maño. "¡No!, es una oportunidad, lo presiento, volveremos a estar juntos, y cuando tenga dinero, le pediré que se case conmigo y formemos una familia". ¡Eh! que más que de Madrid, parece que vengas de Calatayud, hijo, afloja y piensa fríamente, que no conoces a las mañas, ya te darás cuenta, ya. "Yo solo quiero a Arantxa, y a por ella vengo, si no, a Madrid otra vez". Jodo, y los maños éramos cabezones.
    Estaba enamorado hasta las cejas, no cabe duda. Lo dejo en su destino, me paga, me da propina "por el peñazo que te he dado, ¿va?". Pues va.

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