miércoles, 26 de enero de 2011

Las ganas de vivir


Y es que las ganas de vivir, cuando los problemas vienen uno tras otro, y no son precisamente pequeños, se le acaban a uno. Como es la historia de mi último cliente, recién salido de su "dosis" de quimioterapia, me contaba lo duro que era eso, soportar estos tratamientos, "le queman a uno por dentro, y si tienes el corazón helado, imagínate el choque", me contaba. "Mi mujer falleció de uno más gordo que lo mío(hablando del cáncer), y poco después me lo diagnosticaron a mí", cada vez se hacía el nudo más grande en mi garganta, a una persona que te pone el corazón en el apoya-brazos (porque mesas no caben en el "diván"), te cuenta todo tal como lo está viviendo, con esa cara mirando al pasado, de cuando esa mujer y mi cliente solo pensaban en los hijos que iban a tener y el hombre se deslomaba de sol a sol, de lunes a domingo.
- El peor problema son los hijos, no me dejan en paz, están todo el día con que me cuide, que vaya a la "dosis", yo les digo que me dejen tranquilo, que me queda poco y pronto me iré con mi mujer, como todas las noches le digo "tranquila mañica mía, que pronto estaré contigo" - me comentaba mientras soltaba alguna risa nerviosa -. Cuando les digo eso solo se me echan a llorar, y lo comprendo.
- Alguna alegría habrá por ahí, buen hombre, no todo van a ser pesadeces de los hijos, ¿tiene nietos? Eso le alegra a cualquiera - sugería, como cambio de tema.
- Tengo dos nietecicas, maño, pero hay una, mi "cuchi-cuchi" que le llamo, que es la mayor alegría que me podría haber venido, se dice que un abuelo quiere más a los nietos que a los hijos, y doy la razón, y eso que quiero a mis hijos con locura, pero mi cuchi-cuchi es especial - me decía -. Además, le sienta fatal que le llamen así otros, solo se lo puede llamar su abuelo.
- Ve, una razón para seguir en pie y no pensar en irse con su mujer.
- Ya, pero a ella le echo mucho de menos, sabes. Mi nieta es mi nieta, pero la mujer también me reclama. Aunque la pequeña es muy salada, y le encanta venir a casa, le preparo un pescado que le gusta mucho a ella, y como en mi casa se lo come con las manos, es más feliz, sus padres no le dejan comer con las manos - ya con los ojos encharcados recordando a su pequeña -. Con cinco años me está haciendo el abuelo más feliz del mundo.
Y así transcurría el viaje, un reto como es el conseguir que el hombre se quitara de la cabeza a su mujer, el tumor, y el fuego con el que salía del hospital. Me contaba más historietas con la nieta, cosas de la otra nieta, de sus hijos y de como ha llegado a tener su chalet en Oropesa. A medio trayecto pensaba que era el único cliente que no me había hablado ni del tiempo, ni del tranvía, ni de la situación del pais. Se sintió el protagonista por un día, unos minutos, pero protagonista. Y estas cosas son las que le llenan a uno de hacer su "doble función" de su trabajo. "La verdad, es que el día que me vaya con la mañica, no sé que pasará con la chica, me mata ya de pensar que haría sin ella, sin la otra y sin los hijos", y ya llegando al destino, una frase que se me quedará clavada, "me has dado ganas de vivir, zagal, ¿qué te debo?". Deme un abrazo, y corra a por su nieta.

martes, 25 de enero de 2011

El diván del asiento de atrás.


Perdone, pero está prohibido fumar. La ley es la ley, y debo prohibirle fumar. Tome asiento, indíqueme el destino, recorrido si lo desea, y cuente, cuénteme hasta la última pena que alberga su corazón y su mente. Abra una nueva puerta hacia sus sentimientos, donde se encuentren la felicidad y la paz. Cuente, cuente, que yo le escucho. Exprésese como quiera, estoy curado de espanto. Esa señora que le dejó, aquel chico que te dio plantón, cómo le vas a llamar a tu futuro hijo, o hija. Cautíveme, estoy mirándole por el espejo, no crea que no le escucho, pero entienda que la carretera es la prioridad. Ese jefe que le trata mal, o la encargadilla que le gusta, y no sabe como decirle lo que daría por pasar con ella el resto de su vida. Abórdeme con preguntas sobre las obras, atascos, polítiqueo. Critique, critique a todos aquellos que le caigan mal, ¡póngalos del revés! Maneje su mente, llévela a otra dimesión, ¡deje volar su chota, caballero! Aquí estoy, para escucharle, no tengo otra cosa que hacer, dígame qué tal va su hijo en los estudios, ¿estaba separado ha dicho, no? Los suspensos no le caen bien a nadie, pero oiga, antes un suspenso era convertido en un cachete del profesor, o un reglazo en las puntas de los dedos, ahora ese reglazo lo plasman en papel y su hijo vuelve desmotivado, pero intacto. Las obras bien, gracias, ahí están, molestando, para no variar. No, no, no tengo hijos, ni mujer, lo que más se le asemeja es una madre que me da su amor y me hace la cama todos los días. Pero no estamos hablando de mí, sino de usted, que para eso es el protagonista durante los próximos diez minutos, ocho si cogemos ese semáforo verde. Aproveche el tiempo, siéntase libre durante el trayecto, no crea que es un mero transporte, y por favor, no se me ponga el auricular del teléfono, cuélguele la llamada al jefe, y cuando le pida explicaciones, le diga "estaba en plena terapia". Pero recuerde, la terapia no es gratis, son cinco con cuarenta, el recorrido ya se lo regalo. Gracias y que vaya bien.