viernes, 25 de febrero de 2011

Lo siento, ando ocupado.


   "Creo que sigo enamorada de ti". Impactante mensaje al punto de la mañana, no me hagas esto, y sin saber el remitente, ya crees saber de quién puede ser. Concéntrate en conducir, maño, no hagas caso, préstale atención a tu primer paciente, te está contando algo, ¿mal de amores? Casualidad, mal de amores, mensaje latente en la bandeja de entrada del aparato de comunicaciones, y un puñado de nombres en la mano que te queda libre, que sueltas para coger firmemente el volante. Olvídate, presta atención, el diván está ocupado, y solo ves unos labios en el espejo, que dicen "creo que sigo enamorada de ti", una y otra vez. Otro semáforo, esos ojos verdes se están clavando en tu frente, ¡presta atención! Verde, arranca, "creo que sigo enamorada de ti", ¿otra vez? "¿Me está escuchando?" Ni puta idea, señora, cuénteme, díga, ¿que sentiría en el caso de que una ex le dijera esto? "Perdone, estábamos hablando de mí ¿no?" Vaya, me ha tocado la borde, perdone, prosiga. "Como le iba comentando, creo que sigo enamorada de ti" ¡¿Cómo?! "Que creo que sigo enamorada de él, de mi ex, creo que no me está prestando atención, sigo enamorada de ti" Esto roza la paranoia, otro mensaje, "¿no contestas? sé que estás despierto, estás trabajando, lo sé, y sigo enamorada de ti, solo quiero que lo sepas, y me des una respuesta". Otro semáforo, este dura mucho, contestemos rápido. "Y ahora se pone a jugar con el móvil, oiga, déjeme aquí, ¿cuánto es?". Ha cogido un taxi para contarle sus problemas al semi-zombie que aún reza por despertarse. "Lo siento, ando ocupado". <<¿Cómo no has mirado aún el remitente?>>, reza mi mente. Otro mensaje, "perdona, fue una equivocación, no quería mandarte a ti el mensaje". Número desconocido.

martes, 1 de febrero de 2011

Voy sin rumbo.

     Esas canas me resultaban familiares, cardado extremo, chaquetón del domingo y oro colgando por su arrugado cuello. "Hola mozo, llévame al centro, ya te diré por donde...". No andaba segura de lo que pedía, los ojos que, espectante, observaba por el espejo no me dejaban claro sus intenciones, parecían tristes, como añorando algo, alguien. "He quedado con unas amigas, y no sé si estarán ya o no, todos los lunes quedámos y chismorreamos un poco, que falta nos hace, aunque ya no sé ni para qué salimos, con estas edades...", "¿tiene prisa?", preguntaba, pero su dudosa y final negativa respuesta me daba a entender de que allí no le esperaba nadie. La manera de coger asiento, desplegando todos los bártulos en el vacío puesto a su vera. "Espero que no se haya ido aún, hacía tiempo que quería quedar con este hombre". ¿¡Cómo que con este hombre!? ¿No habíamos quedado que era con unas amigas? Ya no sabía por donde salir, la mujer acababa de caer que me había dicho un hombre. Las mentiras no llegan a ningún sitio, y se puede regir uno por el qué dirán, y esta mujer, lo hacía. No sabía como entrarle, ¿y ahora qué? le sorprendo diciéndole que me he dado cuenta o le dejo estar. Pobre mujer, solo quiere compañía, alguien que le hable, que esté con ella. Gente sedienta de amor, ternura y cariño. Ahí se quedó, en "Los Espumosos", ¿una caña con limón y unas gambas a la gabardina? No, otro taxi, y otra vuelta a la ciudad.