Me vino a preguntar que qué tal se vivía en el infierno. "Desde que te fuiste de birras con el diablo, no has vuelto, ni a por tabaco, así que te quitamos de la función y te matamos". Me mataron, de la manera más extraña posible, atropellado, por un taxi, por mi propio taxi. "Andabas cruzando la calzada y tu propio taxi te atropelló". Ya te dijeron que no trabajaras tanto, que al final te mataría el taxi, y mira, acertaron. No hay nada como darle a la gente lo que pide, lo que quiere oir, no lo que de verdad ocurre. Me llevó mi conciencia al lugar de los hechos y ahí estaba, mi cuerpo tirado en el suelo, mi taxi destrozado y lleno de sangre. En el cementerio caras conocidas, pero no estabas, echaba en falta más gente. Ahora estoy muerto y ni siquiera lo sabe la gente. Algunos corrillos de amigos recordando viejas historias de este personaje que ahora yace de cuerpo presente entre cinco tablas esperando a que la sexta le condene a la oscuridad eterna, entre flores y algunos lamentos. "Os acordais, qué ciegos se pillaba el tio, nos hizo felices". "A mí me parecía un payaso, pero de vez en cuando nos hacía reir". "Yo me acuerdo cuando tuve el accidente en pla-za, qué susto nos dio, y cuando lo tuve yo, ahí estuvo el primero". "Yo creo que era un poco falso, no me inspiraba confianza". Y miles de comentarios, falsas sonrisas y alguna lágrima. Qué falso es el mundo, que ignorante, y qué bien se ve todo desde arriba, desde el burladero, los toros se ven mejor. "Siempre tuvo una sonrisa para darnos, aunque se estuviera reventando por dentro, y eso es lo que nos tiene que quedar", ese sonaba sincero.
Y una vez que estés muerto, se acordarán de ti durante una semana.
No esperes más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario